Una persona cambia su forma de ser miles de veces a lo largo de su vida. Se deja llevar por modas, por la forma de ser de otros, por sus amigos, conocidos, familiares e incluso se dejan llevar por la forma de ser que imaginan que tiene la gente. Luego resulta que se equivocan y han intentado imitar a alguien que no era como ellos creían. Después no saben como son ellos porque descubren que al no conocer bien a la persona que imitaron no se conocen a ellos mismos. Este es uno de los grandes problemas que tiene la gente: que no se conocen a sí mismos. Van por la vida buscando la personalidad de alguien que le guste para poder adoptarla y poder sentirse un poco más cómodos con ellos mismos. Pero eso solo es una equivocación detrás de otra. Si no intentamos mirar un poco más allá de lo que hace todo el mundo, un poco más allá de lo que se supone que está bien hacer y de lo que se supone que está mal, un poco más allá de lo que han intentado imitar, un poco más allá de su aspecto... Solo hay que mirar un poco en nosotros mismos y buscar cómo somos en realidad. Todo el mundo se deja llevar, hasta la persona más original que te puedas encontrar se ha dejado llevar por algo o por alguien. La diferencia está en las personas que lo aceptan y se intentan buscar a sí mismas y las que se creen que se conocen lo suficiente y que no se dejan llevar nunca. Y es que conocerse no es cuestión de tiempo, es cuestión de ganas.
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